El barranco y el chupón

El sábado por x motivos en la empresa, recién tuvimos oportunidad de celebrar el Día de las Madres. No pasaría de ser otro festejo más, si no hubieran surgido algunas historias que hicieron del almuerzo una delicia.


La primera trata sobre mis padres. Resulta que cuando mis padres eran todavía cortejos (novios) estaban teniendo una pelea. Mis padres se conocieron en Riberalta-Beni, de donde mi madre es oriunda y mi padre se encontraba por cuestiones de negocios por la zona. Pues bien seguían peleando en una zona con un barranco bien pronunciado, en una moto que según mi madre, parecía gigante en comparación con mi pequeño padre. Parece que mi padre se canso de la discusión y decidió que era hora de que ambos se retiraran a sus respectivas casas y subidos en la moto ambos enfilaron camino al pueblo.


En el camino mi padre seguía reclamando algunas cosas pero de manera más que inusual mi madre no decía nada. Solo puedo imaginar el sentimiento de felicidad de mi padre en estar ganando una discusión a nadie más que mi madre y encima dejarla sin respuesta, su júbilo debió ser increíble. Sin embargo, la situación era muy inusual y mi padre al no escuchar respuesta a sus reproches, pregunta: “Me estas escuchando?”. A la segunda vez que no tuvo respuesta, vuelca para ver qué pasaba y nada. No había nadie detrás de la moto. Una de dos o mi madre había sido secuestrada por los extraterrestres o se había caído en el camino. Lo primero muy improbable, así que da vuelta y ve venir a mi madre caminando por el barranco, llena de tierra, llorando y maldiciendo. Obviamente que no creyó que había sido un accidente y solo Dios sabe como hizo mi padre para que lo perdonen. Solo puedo imaginar la boca de mi madre ese rato jejeje. Me puse a pensar: Pucha, como no me compre una moto antes!


La segunda historia es sobre mi niñez. Algunos niños chupan el dedo por muchos años, hasta que es prácticamente un vicio, otros tienen almohadas viejísimas que llevan a todas partes, muñecos, no se bañan por semanas y otras manías. Yo era vicioso al chupón. Pues resulta que yo no salía a ninguna parte sin mi chupón y cuando me faltaba mi precioso chupón hacia un escándalo que imagino a más de uno debió darle gana de tenerme cinco minutos… bajo el agua.


Yo rondaba los 5 o 6 años y en esa época mi padre tenía una propiedad que si mal no recuerdo estaba en el camino a Guarayos. Había una zona donde el camino era horrible y siempre uno se quedaba plantado (atascado), de suelo gredoso y rojo, que llevaba de forma muy acertada el mote de “El pejichi colorau”, porque era fija que a la ida o la vuelta uno tendría que cavar como un pejichi, animal parecido al Tatú (armadillo) que se alimenta de muertos. En esta ocasión estábamos con mi madre, una prima y el chofer encima de un camión. Para varia estábamos plantados y tuvieron que ir a pedir ayuda a la propiedad, para que con algún tractor vengan a sacarnos. Casi al final de la tarde, vino el desastre. Mi preciado e infaltable chupón se rompió, literalmente le hice un hueco. También… 5 años de edad, con dientes, no hay chupón que aguante. Y para empeorar la situación había un horda de mosquitos al asalto y sin repuesto para el chupón, gritaba yo como si me estuvieran torturando, que quería mi chupón. Cayo la noche y seguíamos en aquel lodazal, metidos en el vehículo y la ayuda no llegaba y parecía que no iba a llegar. Mi madre que no fumaba, prendió un Astoria (cigarro hediondo en exceso, que fuma la gente perteneciente a la Santa Cruz de ayer) y nos arrojaba el humo del cigarro para espantar a los mosquitos. Yo… seguía llorando. No recuerdo cuanto tiempo habrá pasado, pero un ruido medio ronco se comenzó a escuchar proveniente del monte. Yo lo escuchaba pero me hacia el que no le ponía atención, el ruido parecía acercarse. Entonces el chofer, Ernesto, dijo “Señora. Ese es el tigre!”. Yo hecho el que la cosa no era conmigo sollozaba inconsolable mi terrible perdida. Ernesto se dirigió hacia mí y me dijo: “Mejor que dejes de llorar porque eso lo atrae al tigre”. La imagen de verme en las fauces del furioso felino pudieron más que mis manías y en un santiamén, el chupón paso a la historia. Todo lo que podía escuchar era como el tigre bramaba a veces más cerca y otras más lejos.


Recuerdo que poco después de eso deje el chupón por completo, pese a que me compraron otro chupón al volver a la ciudad.


3 Comentarios:

Andrés Pucci dijo...

no puej, por chupa chupon casi te come el tigre, jeje

Esas anecdotas, la de la moto estuvo buena, deberias preguntar hasta el averiguar que fue lo que dijo/hizo tu padre para conseguir el perdon; si te perdonan eso, te pueden perdonar lo que sea.

CAPSULA DEL TIEMPO dijo...

A sí que solo el tigre te pudo alejar del vicio del chupón jejeje.

Buenas historias para empezar la tarde. Un abrazo, choco.

Fuzzy dijo...

Andrés: jajaj creo que esos secretos profesionales no se revelan así nomas.

Sra. Google: jejeje si solo el tigre. Recuerdo que al otro día después que llegamos a la quinta mi madre le puso diurex a solicitud mía. Una semana despues del incidente estaba curado del chupón forever jejejje

Un abrazo

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